Por Gabriela Jiménez Ramírez
En medio de la crisis civilizatoria y de racionalidad que nos arrastra en el presente, de manera despiadada, a una guerra infinita y al máximo desgaste de la lucha popular, feminizar la ciencia se presenta como una expresión de resistencia histórica para proponer opciones de existencia que le den un sentido liberador a nuestro andar.
Nuestro derecho a existir reclama la recuperación soberana de nuestra conexión necesaria entre civilización y madre naturaleza. Ello implica una nueva forma de conocer que ya no enajene al ser humano de aquello que hace posible su vida misma: su conexión espiritual con la madre tierra.
Durante más de cinco siglos, la civilización moderna ha desarrollado una ciencia patriarcal, en la que el sujeto científico se ha comprendido a sí mismo por fuera y por encima de la naturaleza.
Lamentablemente, la (ir)racionalidad moderna nos ha llevado a desvincularnos no solo de la madre tierra, sino de la vida como tal, al punto de olvidarnos de que el ser humano no puede pretender autonomizarse de la naturaleza externa sin pagar las consecuencias.
Dar un viraje al modo como hemos venido desarrollando la generación de conocimientos, y producir una ciencia para la vida, pasa por feminizar la ciencia.
Cuando hablamos de «feminizar» la ciencia, nos referimos a habitar el sentipensar que las mujeres hemos desplegado históricamente para sostener y entretejer redes de reproducción y cuidado de la vida. Redes que, aunque han sido protagonizadas por mujeres, no son exclusivas de las féminas.
Feminizar la ciencia es, por tanto, feminizar las lógicas comunitarias para garantizar la reproducción de la vida y asumirnos, hombres y mujeres, como parte de la comunidad de vida, para hacernos responsables por ella y, desde ahí, hacer una ciencia crítica que sea capaz de problematizar los problemas de nuestro tiempo en su debida radicalidad… Una ciencia que nos haga entender que no debemos seguir creando ni reproduciendo tecnologías que destruyen la vida.
Hoy, más que nunca, debemos producir una ciencia que se traduzca en responsabilidad comunitaria.
¡Esa es la razón ética de una ciencia otra!
Celebro hoy y siempre la participación y los aportes de las mujeres en las ciencias como espacio de construcción colectiva, sinergia, empatía y respeto a la vida.
¡Que Vivan las Mujeres en las Ciencias de Venezuela!
#CienciaParaLaVida.
#MujeresEnLaCiencia






