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El retorno a la naturaleza, entre azules y verdes, conectamos con la vida

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Por: Gabriela Jiménez Ramírez

La florifagia es el consumo de flores como alimento, una práctica milenaria de los indígenas americanos, asiáticos y africanos.

A las flores comestibles investigadas se confirma que aportan nutrientes como vitaminas A y C, además de minerales. Ejemplos comunes incluyen la jamaica, pensamientos, jazmines, violetas y capuchinas.

Hoy por hoy la gastronomía contemporánea la emplea para aportar color, aromas y sabores inusuales a platos como ensaladas, postres e infusiones.  Es crucial diferenciar las flores comestibles de las ornamentales, ya que estas últimas pueden causar intoxicaciones.

Debido a sus características, son múltiples los usos que se le dan a las flores cuando se incluyen en la gastronomía. Ejemplo de ello son los pétalos de rosas (Rosa spp.) recién cortados que pueden resultar excelentes para presentar un postre o en su efecto para guarnecer algún tipo de carne. En algunos países de oriente se emplean para perfumar platos. Su agradable aroma, su belleza y su sabor dulce las convierten en un atractivo ingrediente.  Otras flores que se han utilizado incluyen a los crisantemos (Chrysanthemum spp.) y dalias (Dahlia sp.), usadas en China regularmente en sopas secas. Los romanos añadieron a su cocina flores cultivadas como violetas (Viola odorata).

Con la flor del mastuerzo (Tropaeolum majus) o capuchina (Tropaeolum majus) originaria de Perú, se elaboran ensaladas, acompañando carnes y en helados. Además de brindarle a los platillos un toque estético, las flores comestibles brindan al cuerpo un gran contenido de vitaminas, minerales, proteínas y aminoácidos que mejoran la calidad de vida y la salud de las personas que las consumen. Incluso, algunas flores también contienen sustancias bioactivas con actividad terapéutica.

Según un informe de Zhang Dongsheng, de la Sociedad de Ciencias y Tecnologías Alimentarias de China, las flores aportan importantes elementos para la nutrición y la salud. Algunas flores son ricas en proteínas, grasas, almidones, aminoácidos, vitaminas A, B, C, E, antioxidantes y varios elementos minerales que son indispensables para el cuerpo humano. Estudios han demostrado que hojas y flores de algunas plantas silvestres, principalmente leguminosas, presentan un alto contenido de proteínas.

Las flores comestibles pueden ser usadas para adicionar color, fragancia y sabor a los alimentos tales como ensaladas, sopas, postres, entradas y bebidas.

La lista de flores comestibles es extensa con alrededor de 55 géneros conocidos. Hay que señalar que el mayor componente de las flores es agua (más del 80% de su composición) por tanto son ingredientes calóricamente bajos. Así, su principal uso se enfoca en las características de apariencia, sabor y aroma que puedan aportar al alimento. Un ejemplo es la flor de jamaica, la flor de color púrpura tiene un sabor muy parecido al de la frambuesa. Los geranios (Pelargonium zonale), brindan fragancia a los pasteles, los pensamientos (Viola x wittrockiana), se usan en ensaladas dulces y saladas o para acompañar quesos, las capuchinas regalan sabores picantes a ensaladas. Otro ejemplo es el delicado y dulzón sabor de la flor de auyama (Curcubita pepo), que por tradición se prepara en diferentes platos.

Hay mucha Ciencia por conocer sobre la Florifagia, es como el conocimiento y el saber, un huracán escondido en la suavidad de una flor.